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Mar 2019
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TODAS LAS EMPRESAS SERÁN DIGITALES:

CERTEZAS Y OBSTÁCULOS

Desde hace años venimos escuchando que las empresas deben avanzar en un proceso de transformación digital. Que todos sus procesos deben estar automatizados porque se trata del  único camino para mejorar el desempeño de una empresa, sea en términos de ahorro, de eficiencias, de productividad, de exploración e inauguración de nuevas líneas de negocios, de innovación.
Pero el camino no es tan simple.
En primer lugar, porque es tan variado el universo de empresas que operan en la Argentina que resulta difícil aplicar una misma receta para todos los segmentos.
En segundo lugar, porque muchas de las recomendaciones suelen provenir de compañías tecnológicas que “bajan” una receta que aplican muy bien en las idiosincrasias de donde provienen, pero no siempre en escenarios de complejidad constante, como el que presenta nuestro país.
 
Siempre en transformación
La transformación digital es hoy un proceso continuo. Comienza y nunca terminará de implementarse. Idéntico a cuando uno decide irse a vivir a una casa a refaccionar: seguramente tendrá que hacer cambios en las viejas cañerías de electricidad, agua y gas.
Pero si luego quiere que las facturas de esos servicios públicos no le impacten en la economía cotidiana tendrá que implementar diversas medidas. Cada dos años habrá que impermeabilizar techos y terrazas  y nunca faltará que algo se rompa para tener que renovarlo. Este proceso se extenderá por siempre. Será un cuidado a tener en todo momento porque se trata del lugar en el que uno vive.
Cuando una empresa se transforma desde lo digital, el proceso es idéntico. La transformación es un proceso continuo, que nunca para y que genera modificaciones en los modos de operar, aunque eso no signifique cambiar de negocio.
Cuando el término comenzó a imponerse en el mundo privado, la transformación digital implicaba, grosso modo:
  • Conectarse a internet
  • Instalar un sistema de facturación
  • Acudir a una herramienta de mensajería y colaboración en línea
  • Implementar un ERP o un CRM
 
Pero en la actualidad, se trata de una situación mucho más compleja. La transformación digital implica, además de lo mencionado anteriormente, abordar nuevos desafíos:
  • La inteligencia artificial
  • La gestión y análisis de los datos
  • La computación en la nube, en sus modalidades pública, privada e híbrida.
Se trata de incorporar, al menos, a estos tres elementos que obligan a repensar los procesos. A volver a introducir cambios.
En la Argentina, el 30% de las empresas están implementando procesos de inteligencia artificial, según datos de IDC. Y un 45% de las organizaciones ya se encuentra en etapa de testing o probaron un proceso de inteligencia artificial.
Frente a un universo de unas 800.000 pymes dispersas en todo el país, que son las generadoras genuinas de trabajo y sobre las que se concentran las propuestas transformadoras, los porcentajes no parecen altos.
 
Tanto y tan poco
Todavía hay desconocimiento sobre cómo avanzar en un proceso de transformación digital. A eso se le suma la aparición de obstáculos, lógicos, en cualquier organización. El desafío es aprender a superarlos y seguir en la transformación.
 
¿Cuáles suelen ser esos problemas?
  • Costos y financiación continúan al tope de las barreras.
  • Desconfianza en implementar cambios tecnológicos que aún se consideran inmaduros.
  • Resistencia de los empleados.
 
El primero se viene resolviendo de manera sencilla desde hace años. La posibilidad de contratar diversas prestaciones y pagarlas con un abono mensual (la famosa modalidad Pay as a Service –pago como servicio- sea software, infraestructura, hardware) en el que se incluyen tanto infraestructura como prestaciones resulta altamente beneficioso.
Si a esto se suma que los proveedores permiten a sus clientes que se autogestionen en la contratación y baja de cada una de ellas, la ventaja es más que provechosa. Justamente, porque permite probar, equivocarse, dar marcha atrás y experimentar con otra cosa. Y si el proveedor es capaz de brindar capacitación y asistencia, ese proceso no sólo habrá sido de transformación sino de profundo aprendizaje. Un valor incalculable en los tiempos actuales.
La desconfianza. Resolver este aspecto es también responsabilidad de los proveedores. Y aquellos que sepan explicar, orientar, mostrar las ventajas y desventajas frente a sus clientes serán los que permitirán obtener beneficios por partida doble.

EN LA ARGENTINA, EL 30% DE LAS EMPRESAS ESTÁN IMPLEMENTANDO PROCESOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL
 

El cloud computing en sus diversas modalidades, la automatización de procesos, sean de comunicación, de facturación, de gestión de sistemas puntuales, están maduros. El secreto pasa por tener claridad en el área en que se implementará tal o cual sistema y qué impactos se prevén en el corto, mediano y largo plazo. Con la certeza de que, en el medio, deberán aplicarse ajustes, hasta tanto se tenga resuelta la sintonía fina.
Cambiar la cultura organizacional es la pata de más difícil resolución. Porque se trata de introducir modificaciones en la conducta de una empresa, en su cultura, en el modo de hacer las cosas. Y este aspecto lleva más tiempo y es más difícil de aplicar que una nueva tecnología. Aquí el trabajo pasa por comunicar en qué consiste la etapa que comenzará a transitarse y qué implicará para cada uno de los empleados.
Habrá que plantear que esa situación llevará, seguramente, a incorporar nuevos conocimientos, a avanzar en capacitación. La mayor responsabilidad de provocar estas modificaciones correrá por cuenta de quienes lideren la nueva época en la empresa.
Un solo horizonte
Avanzar en la digitalización de las organizaciones es una obligación. No hay otro camino.
Esto se advierte claramente en las discusiones que se impulsaron en el marco del G-20, que tuvo lugar a finales de 2018 en la Argentina.
Que la Argentina sea parte de este grupo y haya estado al frente de la agenda futura es una oportunidad para todos los agentes económicos que operan en el país. Porque la transformación digital es un fenómeno mundial y en todos los países del mundo estas discusiones forman parte de la agenda, principalmente por las implicancias que tiene a nivel regulatorio, tributario, social, económico y financiero.
La industria 4.0, sea a nivel productivo o de servicios, es el camino al que cualquier empresa tendrá que dirigirse. La transformación digital es el motor que lleve a ese nuevo horizonte.
La base de todo este proceso de cambio pasa, indefectiblemente, por la conectividad. Sólo infraestructuras de telecomunicaciones confiables, escalables y robustas permitirán introducir las modificaciones mencionadas y las que vendrán, aún desconocidas.
Y aquí vale volver al ejemplo de la casa. No  habrá refacción posible y continua si esa vivienda no tiene buenos cimientos. La transformación digital sólo es posible si se cuenta con conectividad robusta, de la más alta tecnología, que permita pensar en todas las alternativas, hasta las más disruptivas. Que sea posible imaginar horizontes distintos, nuevos, gracias a que la base está como facilitadora de todo lo que existe y vendrá en materia de transformación digital.
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